Jalpa de Cánovas, en el municipio de Purísima del Rincón, Guanajuato, consolida su oferta de turismo rural tras su integración al programa de Pueblos Mágicos en 2012. La localidad, a la que la ONU Turismo le dio el nombramiento de Best Tourism Village en 2023, basa su dinámica económica en la preservación de su arquitectura hacendaria, la vitivinicultura y la gastronomía regional, atrayendo a visitantes que buscan darle una vuelta al Bajío fuera de los circuitos masivos.
La chamba histórica de esta zona se remonta a la antigua hacienda de Manuel Cánovas. Documentos estatales de 2021 registran que la fertilidad de sus tierras le valió el mote de “El Granero de México”. Hoy, ese legado productivo se mantiene en el Museo Casa Cánovas, donde se documentan los procesos agrícolas, el molino, el acueducto y los silos de piedra del siglo XVIII, permitiendo echar un ojo a la organización rural de la época.
El mero centro de la actividad social converge en la plaza principal, un espacio de traza europea intervenido en 2014 con un quiosco. A unos pasos se levanta la Parroquia del Señor de la Misericordia, obra de ladrillo rojizo y estilo neogótico. El arquitecto Luis Long diseñó el recinto, cuya construcción inició en 1885 y albergó su primera misa en 1908, conservando en su interior vitrales y murales que narran la historia eclesiástica local.
Para los que prefieren el contacto con el agua y la naturaleza, el sistema hidráulico del pueblo incluye las presas de Santa Eduvijes (siglo XVIII) y Santa Efigenia (finales del siglo XIX). Estos cuerpos de agua, vitales para la ganadería y agricultura histórica, hoy operan como escenarios para la práctica de kayak y paseos en lancha, actividades cuya disponibilidad depende de los prestadores de servicios locales y las condiciones climáticas.
La memoria documental de la comunidad se resguarda en el Museo Luis Cabrera. Este recinto exhibe fotografías, planos de la hacienda, máquinas de escribir y herramientas de oficios tradicionales. La institución funciona como un archivo vivo que permite a los investigadores y turistas rastrear la genealogía y la evolución cotidiana de los habitantes de Purísima del Rincón.
En el apartado gastronómico, la región aprovecha su vocación agrícola para ofrecer platillos como el mole de nuez, las patitas entomatadas, el caldo de zorra y los tamales de acelga. Para llevar a casa o tirar unos pesos en recuerdos comestibles, la cajeta de membrillo, los licores de nuez y las conservas artesanales destacan en el directorio turístico local como los productos de mayor rotación comercial.
La industria vitivinícola suma puntos a la ruta. Bodega El Lobo figura en el portal oficial de Guanajuato como un punto clave para conocer la elaboración de vinos con nombres de óperas. A esta experiencia se suman los recorridos a caballo por el centro histórico y las expediciones hacia el Parque Cañada de Negros, donde se ofertan tirolesas y puentes colgantes para el turismo de aventura.
El calendario comunitario marca el Jueves y Viernes Santo como fechas de alta cohesión social mediante el Día de los Coquitos. Durante la Semana Santa, los residentes intercambian pequeños panes de aceite en el jardín central, una tradición documentada que refuerza los lazos vecinales y atrae el interés del turismo antropológico.
La logística de viaje sugiere pernoctar en la zona para abarcar el itinerario sin prisas, combinando la visita con los atractivos de Purísima del Rincón. La Secretaría de Turismo estatal recomienda a los viajeros confirmar los horarios de los museos, reservar las catas en los viñedos y verificar el estado de los caminos rurales antes de emprender la ruta por el Bajío guanajuatense.
